miércoles, 16 de agosto de 2017

EL MUNDIAL DE ATLETISMO O LA BOTELLA MEDIO LLENA

FERNANDO CARREÑO
Marca.com

Es una inveterada costumbre española ser muy exigente con los demás y muy tolerante con uno mismo. A ellos siempre hay que exigirles el máximo. Para nosotros una de las frases lapidarias de nuestra cultura: "¡¡no es lo mismo!!".  Normalmente quien critica algo desde fuera tiende al maximalismo: ve el resultado, porque no conoce más, y a partir de ahí opina. Si se hace sobre de deporte (es decir, no sobre fútbol) o bien quien ha ganado medalla es el mejor deportista español de todos los tiempos, o si no la hay quienes no la han ganado son unos zopencos y dirigentes y técnicos, inútiles y trincones que han ido de vacaciones a los campeonatos.
Eso, claro los que opinan desde fuera, que no tienen por qué ser aficionados de a pie a través de las redes sociales (bajo sesudas cabeceras hay gente que se conduce así). Es gente que aplica a todo el prisma futbolero: el domingo, mientras seguíamos el final de los Mundiales de Londres, se jugaba la final de la Supercopa de España: El debate posterior a la misma demostró una vez que más que en el fútbol no hace falta ni balón: con dos y un árbitro ya basta.
La gente que, en deportes, opina desde dentro, suele tener aún la costumbre de analizar los hechos, las circunstancias, los antecedentes, y luego valorar. Sus juicios pueden ser duros o blandos pero al menos siempre tienen en cuenta la vieja costumbre de apreciar los hechos a la luz de las circunstancias y el entorno y buscar más explicaciones que culpables, que de haberlos ya estarán señalados por las explicaciones. Por eso este tipo de debates suelen ser más profundos y menos seguidos por el gran público: se grita menos y son más complicados.
El domingo, como decimos, acabó el Mundial de atletismo. Como España se fue sin medallas dicen algunos que ha sido un desastre. Otros, que no hay para tanto. Bien. Si observamos los datos objetivos vemos que en efecto no hubo medallas. Las opciones que había para lograrlas eran las de las dos personas que las lograron en Río 2016, Ruth Beitia y Orlando Ortega. Lo de opciones es también un decir: Ruth, en un año que ella misma ha calificado como muy difícil, ya puede considerarlo un éxito. Orlando Ortega, que no estaba en la misma forma que en la cita olímpica de Río, alcanzó la final para ser séptimo.A cambio, Adel Mechaal luchó por ella hasta el último centímetro y se quedó al borde del bronce. El relevo 4x400 no estuvo tampoco lejos del podio y, en cualquier caso, tuvo una actuación sobresaliente.
Fueron cinco los puestos de finalista cuando a tenor de las marcas previas sólo uno era previsible. En los anteriores mundiales, Pekín 2015, fueron dos:  el oro de Miguel Ángel López en 20 kilómetros marcha y el quinto puesto de Ruth Beitia, En Moscú 2013 fueron cinco los puestos: dos bronces, de López  y otra vez de Beitia, y de Eusebio Cáceres en longitud, Alessandra Aguilar en maratón y Beatriz Pascual en 20 kilómetros marcha. Hay que remontarse a Osaka 2007 para encontrar más puestos de finalista. En aquella ocasión fueron una decena, con tres medallas. Además, ha habido once mejores marcas personales.
Bien. Es ver la botella medio llena o medio vacía. Es evidente que quedarse sin medallas por primera vez en un Mundial es negativo y al perderse ese parapeto queda todo más expuesto, e incluso quedan disminuidos los aspectos positivos. Se achaca una vez más a la Federación el, una vez más, llevar demasiada gente a los Mundiales. En efecto, ha habido bastante gente que no se ha acercado a las rondas finales y entre ellos alguna que no ha estado en el nivel previsible. Pero eso ha pasado en muchas otras delegaciones salvo en algunas de los países que apenas tienen una o dos individualidades de nivel.
En efecto, Venezuela o Siria han superado a España en el medallero pero ni con mala fe se pueden hacer comparaciones entre un atletismo y otro. Por otra parte, ser selectivos en extremo, no llevar a los Mundiales a gente con mínima puede ser un medio bastante seguro de interrumpir su progresión: restarles oportunidades de competir al máximo nivel. En Estados Unidos pueden hacer 'trials' porque tienen a mucha gente con mínima y la competición universitaria es constante y durísima. Comparar el caso español al estadounidense sería tan ridículo como la citada 'comparación' con Siria o Venezuela.
Pero no se trata de darlo todo por bueno, o decir como aquel Delegado Nacional de Deportes que "los Juegos Olímpicos son una maldición que le cae al atletismo cada cuatro años". Es evidente que el atletismo español tiene carencias y, aunque no las tuviera, la obligación de mejorar está implícita en participar. Los resultados  en competición simplemente son consecuencia lógica de una forma de hacer, y los de Londres muestran tanto que hay cosas por corregir como que hay materia sobre la que trabajar.
Una de ellas es la dificultad de mantener dos picos de forma separados: para lograr la mínima y para competir, y relacionada está la necesidad de encontrar los métodos de trabajo que lo potencien.  Es evidente que se necesita algún tipo de renovación o actualización de estructuras o de métodos de trabajo dado que aunque ha habido atletas que han alcanzado o mejorado su nivel, han sido más que no lo han conseguido.
Los resultados de las competiciones de formación este mismo verano -y también en este mismo Mundial- indican que hay una excelente hornada con la que se puede trabajar y eso obliga más aún a trabajar en conseguir un sistema que, al menos, ayude a que el talento no se vea forzado al conformismo de ir a simplemente a participar. Y eso puede ser desarrollando y reorganizando los medios ahora existentes o invirtiendo donde haya una estructura aprovechable. Recordemos que aunque Bruno Hortelano sea bandera del atletismo español, no es propiamente un producto de nuestro atletismo.
Al margen, pero unido a lo anterior, es importante un programa de detección de talentos que debe ir de la mano de una estructura que haga el atletismo una opción atractiva para jóvenes deportistas (volviendo a la reducción de delegaciones, díganme cómo se hace atractivo un deporte en el que sepas que vas a invertir tu juventud, que no va a resolver tu vida, y que sólo vas a ir a grandes competiciones si estás entre los tres mejores del mundo).
Evidentemente, para todo esto hace falta dinero. Y como nunca va a sobrar, ni siquiera a haber todo el que haría falta, toca extremar el cuidado en afinar estructuras y métodos del trabajo. El atletismo goza de lo que yo veo fortuna de tener un presidente que es, en realidad, un deportista contemporáneo de los que ahora compiten y por tanto con similares vivencias y sensibilidad. Y lo que sí hay es tiempo por delante. Yo, ya les digo, prefiero ver la botella medio llena.

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