jueves, 28 de octubre de 2010

QUIÉN MATÓ A BOB BEAMON


Escrito por Juan Carlos Hernández (AL AIRE LIBRE)


El pasado lunes 18 fue el 42º aniversario del ocho noventa de Bob Beamon. Este salto, junto a otras historias del salto de longitud, es uno de mis juguetes favoritos en mi pasión por el Atletismo. Ya me explayé hace unos meses con el relato de ficción “Los milagros del doctor Martínez Laguna”, que tuvo una buena acogida. Hoy recupero el aroma beamoniano para contar cómo hubiera evolucionado el récord mundial de salto de longitud si no hubiera existido el milagro de Bob Beamon, si ese salto hubiese sido nulo, o si hubiera sido anulado por excesivo viento a favor; o si la víspera, tras dos intentos nulos, hubiera fallado también el tercer y último intento de la calificación.

El ocho noventa de Beamon acabó por anularle a él como saltador y a casi todos los saltadores contemporáneos del prodigio. Aquel salto no sólo hizo papilla el pasado de la prueba sino que modificó y condicionó su futuro. Borrar el ocho noventa supone, en cierta medida, borrar también a Bob Beamon, y eso es lo más injusto del siguiente trabajo porque no es posible saber qué hubiera conseguido él mismo más adelante, qué marcas y qué palmarés tendría Beamon si no hubiera participado en la final olímpica de México’68. O si hubiera ganado con 8’27, o con 8’41, o con 8’54, o si no hubiera ganado. No sabemos qué otros saltos atesoraba en las piernas, quiero recordar que Ralph Boston (plusmarquista mundial, oro en Roma’60, plata en Tokio’64 y bronce en México’68), antes del ocho noventa, ya hablaba de Beamon como un posible saltador de nueve metros.
La historia que sigue está hecha con saltos reales a partir de Bob Beamon pero sin Bob Beamon. También es una historia en la que la duda sobrevuela algunos de los saltos. No es ficción pero es irreal. Es una historia imposible, aunque auténtica.

Hasta el 18 de octubre de 1968 Ralph Boston e Igor Ter-Ovanesian compartían la plusmarca mundial de salto de longitud con una marca de 8’35 metros. Como hemos matado a Beamon, un tercer atleta, el alemán Josef Schwartz, se hubiera convertido en co-plusmarquista tras saltar 8’35 (+0.8) el 15 de julio de 1970 en Stuttgart.
El primero que mejoró ese registro fue el serbio Nenad Stekic, con un salto de 8’45 (+2.0) conseguido en Montreal el 25 de julio de 1975.
Al parecer, existen serias dudas sobre si la velocidad del viento que sopló a favor de Stekic fue realmente 2.0. Si el salto de Stekic no se hubiera homologado, un cuarto atleta, Arnie Robinson, se habría sumado a la lista de co-plusmarquistas mundiales con los 8’35 (-0.6) que le dieron la victoria en los Juegos de Montreal’76.

Manteniendo la idea de que el salto de Stekic pudo ser ventoso nos encontramos que el primero en adelantar a los cuatro hipotéticos plusmarquistas hubiera sido el portento brasileño Joao Carlos de Oliveira, con un salto de 8’36 (+1.0) realizado en Rieti el 21 de julio de 1979. Lo curioso de este salto es que, si hubiese sido récord mundial, Joao Carlos de Oliveira hubiera sido (durante treinta y seis días) plusmarquista mundial de salto de longitud y de triple salto (17’89 metros en México, el 15 de octubre de 1975).

Siendo fiel a los registros homologados, fue el norteamericano Larry Myricks el hombre que superó a Nenad Stekic. En la Copa del Mundo de Montreal’79, el 26 de agosto, Myricks superó la barrera de los ocho metros y medio con un salto de 8’52 (0.0).

A Larry Myricks le sobrepasó el alemán oriental Lutz Dombrowski cuando ganó los Juegos Olímpicos de Moscú, el 28 de julio de 1980, con una marca de 8’54 (+0.9).
En aquellos Juegos nos perdimos -por culpa del boicot estadounidense- el esperado enfrentamiento entre Myricks y Dombrowski (que llegó a Moscú con una marca personal de 8’45)… y la primera aparición olímpica de un jovencísimo Carl Lewis, que iba a participar en la longitud y en el 4x100.

Llegó el reinado de Carl Lewis. El 10 de mayo de 1981, en Los Ángeles, un viento a favor de 2.1 [2.02] le anuló un salto de 8’63. No tardó demasiado en desquitarse, porque el 20 de junio, once días antes de cumplir los veinte años, saltó 8’62 (+0.8) en Sacramento. Su siguiente mejora llegó el 24 de julio de 1982, en Indianápolis, con un vuelo de 8’76 (+1.0). Y la siguiente, el 16 de junio de 1983, en la misma pista de Indianápolis, con un registro de 8’79 (+1.9).
(Entre paréntesis añado que Carl Lewis se igualó a sí mismo en pista cubierta, con el que sigue siendo el récord mundial indoor, al saltar 8’79 el 27 de enero de 1984 en Nueva York)
El atleta que adelantó a Carl Lewis fue el soviético/armenio Robert Emmiyan, con su vuelo de 8’86 (+1.9) logrado en la altitud de Tsakhkadzor el 22 de mayo de 1987.

Sobre este salto de Emmiyan también planean dudas (bastante razonables en mi opinión). Entre la altitud, el viento y la medición, voces cualificadas me han asegurado que este salto nunca existió (o no fue tan largo como nos dijeron).
Así las cosas llegamos al 30 de agosto de 1991, día del histórico concurso de los Campeonatos Mundiales de Tokio. Allí sucedieron muchas cosas. En la tercera y cuarta ronda Carl Lewis llegó a 8’83 (+2.3) y a 8’91 (+2.9). Ambas marcas no homologadas por el viento, aunque hay que destacar que ese 8’91 es el primer salto medido por encima del 8’90 que hemos borrado para este post. Entonces llegó la quinta ronda y llegó el vuelo de Mike Powell.

Mike Powell saltó 8’95 (+0.3) y batió el récord de Bob Beamon. Carl Lewis no perdía un concurso de salto de longitud desde hacía diez años, cinco meses y diecisiete días, y le quedaban dos intentos para superarse a sí mismo, superar a Beamon y superar a Mike Powell. Y Carl Lewis vendió muy cara su piel; en sus dos intentos finales hizo los dos saltos válidos y legales más largos de toda su carrera, 8’87 (¡¡¡¡-0.2!!!!) y 8’84 (+1.7), convirtiéndose en el único atleta que ha saltado dos veces más allá de los 29 pies.

De aquel concurso legendario me siguen sorprendiendo, aparte de los saltos, dos paradojas:
1.- Un atleta saltó aquel día 8’91 metros… y perdió (a efectos del resultado el salto sí cuenta).
2.- Un atleta saltó 8’95 metros y se acurrucó a rezar con cara de terror… casi-convencido de que iba a perder.
Y sin embargo, esta historia no acaba aquí. El 29 de julio de 1995, en la altura de Sestriere, el cubano Iván Pedroso llegó a 8’96 (+1.2). Lamentablemente para él y para la credibilidad del Atletismo, casi al mismo tiempo que la noticia llegaban las dudas. Toda una tarde con carreras y saltos con mediciones de viento por encima de los 4 metros por segundo y, casualmente, dos saltos de Pedroso tuvieron viento legal.
Al final se demostró que la medición del viento había sido falseada. Cuando Pedroso iba a saltar un sujeto se colocaba junto a la entrada del aire en el anemómetro, así que el salto de Pedroso no fue homologado. El 8’95 de Powell sigue siendo el salto válido y legal más largo de la historia del Atletismo.

1 comentario:

Iñigo dijo...

Aqui teneis el video de aquella épica final de Tokio. Pienso que es para todos los amantes del atletismo uno de los momentos más especiales que se han vivido:

http://www.youtube.com/watch?v=ybEs3j_MmrA